Del cerro a la mesa

MONTEMORELOS- A pesar de los años, para la señora Gloria Betancourt Gómez y su esposo, la llegada de la temporada de flor de palma no es solo una tradición, sino el motor que los mantiene activos y presentes en la cocina de la comunidad.

Cada año, cuando las palmas comienzan a florecer, este matrimonio de la tercera edad se prepara para una jornada larga y llena de desafíos, pues obtener el tan buscado racimo blanco no es una tarea sencilla, el proceso requiere que el esposo de doña Gloria trepe a lo alto de las palmas en el monte, enfrentándose a la altura para cortar la flor con la delicadeza necesaria para no maltratarla, un esfuerzo físico considerable que realizan con la misma dedicación de siempre para llevar el sustento a su hogar.

La flor de palma, traída principalmente de zonas como el Rancho El Tamaulipeco y los alrededores de General Terán, es un ingrediente sumamente cotizado en la región por su sabor.

Doña Gloria explica que, una vez obtenida, la flor se vende rápidamente entre los habitantes de Allende, Montemorelos y otros municipios cercanos, quienes la buscan para preparar sus alimentos.

“Ya tenemos muchos años vendiendo la flor de palma, esta la traemos de allá por los rumbos de General Terán, este año afortunadamente hubo lluvia, le prendí su veladora a San Isidro Labrador y nos concedió bastante lluvia y hay bastante flor para cortar y traer.

“Mi esposo es el que se encarga de cortarla, que por cierto, no es tan fácil y la ponemos a la venta aquí en mi casa y se vende muy bien, más cuando hay mercado, la gente a como va pasando, me la va comprando y se acaba, hasta vienen personas de otros municipios, vienen de Allende, de Linares, porque ya saben que cada año aquí tenemos y vienen a buscarla y pues bueno, mientras podamos seguiremos en cada temporada con la venta para ayudarnos en los gastos” señaló.

Explicó que además de su valor gastronómico, la flor es apreciada por sus propiedades para la salud, especialmente entre quienes buscan alternativas naturales para controlar sus niveles de azúcar, lo que garantiza que cada ramo que logran bajar de las alturas se venda casi de inmediato en su domicilio ubicado en la Avenida Cementerio.

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